NO IMPORTAN LOS COLORES.Dedicada al presidente López Obrador,a todos los políticos y periodistas mexicanos.

He aquí otro complemento al cuento de mi colega, es una calavera literaria que escribí hace poco más de dos años. Espero que la disfruten.


No importa si eres chairo o fifí
igualmente, todos ustedes van a morir
pensó la calaca mientras escuchaba
al presidente que en la mañanera hablaba

El presidente dijo “me canso ganso”
Todos sus adversarios se tuvieron que callar
pero lo seguirán criticando sin descanso
pues es lo que los distingue al hablar

El presidente señaló a un periodista,
que se levanta y pregunta, como en una entrevista
porqué no decía la verdad
La muerte, disfrazada de anciano columnista
le respondió que era una banalidad

El presidente señaló a la muerte columnista
y le dijo que quería preguntar
Ella, sin su disfraz y sin inmutar,
declaró que, sin calumniar
La verdad se impondrá y todos tendrán que aceptar
que les tocará saberla cuando se los vaya a llevar

No importa si son chairos o fifís
igualmente, todos ustedes van a morir
No importan los colores
porque fuera de los mortales temores
esos son incolores, no existen

Ahora, pueden irse
a festejar a sus difuntos
Si no, mejor rendirse
a arreglar sus familiares asuntos
Traten de no dormirse, dijo la muerte al irse
de la mañanera que acababa de transmitirse


FIN

Sé que esto es contenido político sensible, pero será poco lo que se publique al respecto de estos temas. En lo personal, aunque tengo ciertas tendencias izquierdistas, no me alineo con ningún partido político o figura política en particular. Tengo otros intereses. En algún otro momento se publicarán temas distintos… Que pasen un excelente día.

SEÑOR PRESIDENTE, NO IMPORTAN LOS COLORES

Hola. Nuevamente estoy con ustedes. No había publicado nada en mi blog, debido a que estuve muy ocupado, en concluir mis estudios, en buscar trabajo y varias cosas más. Pero ahora trataré de publicar algo de vez en cuando y en los momentos que pueda. Hoy les traigo este cuento político, que hay que tomar en cuenta que fue escrito por Ray Torres, un colega cercano hace poco más de dos años y no tiene el contexto de la pandemia actual que estamos afrontando, pero espero que lo disfruten.

SEÑOR PRESIDENTE, NO IMPORTAN LOS COLORES

Por Raymundo Torres

Ha pasado un año desde el triunfo electoral del presidente, quien arrasó con más del 50 por ciento de los votos. Sin duda, su triunfo legítimo es enorme. Pero la pregunta que se hace la gente, tras el triunfo de este candidato y el inicio de una “cacería de brujas” y la polarización del país en dos bandos es: ¿eres chairo o fifí?

-No sabría -contestó el joven periodista a la entrada de la sala de prensa del Palacio Ejecutivo Federal. La pregunta, sin duda, fue indiscreta, ya que este periodista no estaba interesado en las corrientes y vaivenes de la política nacional. En el fondo, era existencialista y no le importaba quienes contra quienes peleaban en el enorme tablero de juego político que abarca todo el país, sólo que se supiera la verdad.

Cuando fue anunciada la llegada del señor presidente, el joven caminó, en medio del tumulto, hacia las sillas designadas para los periodistas; se sentó y vio como la gente de su alrededor pertenecía a otra realidad. Una realidad marcada por la polarización e ideologías que, en el fondo, nada significan, capaces de derrumbarse como castillos de naipes, cada vez que las azota el viento de la verdadera realidad, la esencia de los seres humanos.

En esa realidad, todos están “clavados” en la polarización, en notas periodísticas, reportajes, crónicas, libros y más libros sobre como arreglar un país que nunca ha sido arreglado, en medio de la insignificancia que comparte con el planeta en medio del universo.

Y ahí estaba el joven periodista, junto a un anciano columnista, Felipe Torres Martínez, que siempre se quejaba de los gobiernos (fuesen del partido que fuesen, pues de ahí obtiene sus recursos económicos), así como un camarógrafo de las grandes televisoras, que en sus noticieros acostumbran decir mentiras.

El joven recordó a un escritor, Philip K. Dick, que siempre dudaba de la realidad en la que vivía, claro, porque toda esa polarización es una esquizofrenia de la sociedad, llamada política. Detrás del periodista se sentó un anciano, de la misma edad que el presidente, unos setenta años, aproximadamente.

El anciano vestía de traje negro, usaba una corbata de un color oscuro, con un aspecto serio y amenazante. Exhibía unas actitudes de misterio, de paranoia y vigilancia extrema.

El periodista no le había dado importancia al anciano fumador que se sentó detrás de él, pero éste último vigilaba a ese “chismoso”, como le decía en secreto al periodista, pues había divulgado últimamente, que el país no andaba muy bien, porque las cifras de muertos por actos delictivos no bajaban, la Guardia Nacional no se le veía muy activa y porque el dinero no alcanzaría para el “Nuevo Trato para el Bienestar”, una serie de ambiciosos programas sociales que eran acusados de clientelismo. Así que motivos sobraban para que el anciano vigilara al periodista.

Y en eso, un vocero anuncia: -Damas y caballeros, el señor presidente de la república… -El periodista no prestó atención al nombre completo, mientras aquel decía: -El pueblo…Se los voy a decir…éste, éste…se los adelanto… -El presidente toma un poco de aire- …el pueblo está feliz, feliz, feliz…hay un ambiente de felicidad…el pueblo…está contento, muy contento…mucho muy contento…

El presidente agarra otra bocanada de aire y prosigue, esta vez, en un tono más fuerte, casi como si estuviera gritando- …alegre está el pueblo…no hay mal humor social… -acabó de vociferar el presidente, dejando sorprendida a toda la audiencia, en especial, al joven periodista. Espera, espera, espera, ¿qué lo del mal humor social no lo dijo el anterior mandatario, el del copete? ¿Qué no fue criticado por eso, cuando el país se desmoronaba? -pensó el joven periodista.

Y justamente pensó en encarar al presidente. Míralo, sólo es un pobre viejo que sólo dice disparates; y no es por ser derechista o fifí, sino que hay algo que nos dice que ésta no es la realidad.

El periodista agarró valor y se comenzó a levantar para preguntar por…lo que sea…

No importa, no importa si preguntaba al presidente por los índices de violencia en aumento, la gasolina que no sube, ni baja (una ansiedad para el cerebro y para el tanque del coche), lo que sea… Pero cuando vio el imponente rostro del presidente, no pudo resistirlo… y le preguntó por los festejos de la independencia…

-Van muy bien. Ya estamos ocupados en los preparativos…Habrá…habrá un desfile, como nunca se ha visto en los últimos veinte años. El festejo será a lo grande. Y lo mejor, no gastaremos, como los anteriores mandatarios neoliberales que solo…derrochaban inmensas fortunas…Van muy bien -articuló el presidente, de manera lenta, pausada, como le gusta hablar, en su estilo favorito.

Después, el periodista alzó nuevamente la mano y le preguntó:

-Señor presidente, ¿no le parece que hay otras prioridades? Digo, ya casi lleva diez meses de mandato y no han disminuido las muertes por actos delictivos, el precio de la gasolina no ha bajado, los productos se siguen encareciendo y el salario mínimo no alcanza. ¿No le parece demasiado ‘triunfalismo’ al decir, seguro de sus declaraciones, de que el pueblo está feliz? –

Sin inmutarse, el presidente respondió:

-Sé que hay personas…que no están de acuerdo con estas declaraciones de que el pueblo está feliz, pero le aseguro que los datos no mienten…los datos de los que yo dispongo…me indican que sí…que el pueblo está feliz…Le aseguro que no, que no es demasiado triunfalismo…decir que tendremos un gran festejo, a la altura de la Cuarta Transformación –

-Datos, ¿Cuáles datos? ¿Los de usted? -contestó un poco altanero el periodista

-Sí, los datos de los que yo dispongo- le dijo el presidente- ¿Alguna otra pregunta, joven? –

– ¿Cuándo dejará de llamar “prensa vendida o fifí o conservadora” a los que no piensan como usted? -le reclamó el joven periodista, sumergido en una vorágine de emociones intensas, como si, de repente, se hubiera adscrito a una causa política, aunque él sabía que no era así.

El presidente, al oír la pregunta, se quedó serio, tan serio como una de las estatuas del Palacio Ejecutivo Federal, que, sin embargo, rebosaban de más vida que el mandatario estremecido por una pregunta que le llegó como misil táctico antiaéreo, de boca de un joven periodista que ni se reconocía como chairo, ni como fifí.

Sin embargo, a los ojos del presidente, él era etiquetado como “fifí”, sin importar todos los intentos por desligarse de la etiqueta y probar que sólo estaba en desacuerdo en algunos temas, pero no era desleal al gobierno, ni a su país.

-Anda usted muy “gallito”, ¿verdad? -le espetó el presidente, evadiendo la pregunta

-No, no lo estoy. Sólo quiero que se sepa la verdad- le dijo seriamente el joven periodista

-Excelente. Pero no debe buscarse con base en acusaciones calumniosas- recriminó el presidente al joven periodista.

-Señor presidente, quiero p.…-dijo el periodista, queriendo preguntar, pero fue interrumpido por uno de los reporteros “favoritos” del presidente, que soltó la siguiente lambisconería:

-No pienso que haya inconvenientes en su discurso triunfal, señor presidente. Pienso que el tiempo de ser pesimistas debe quedar atrás. Nuestro país, que está más feliz que nunca, merece una celebración de nuestra Independencia a la altura de los éxitos de la Cuarta Transformación. Como miembros del gremio periodístico, podemos permitirnos aplaudir y respetar sus intenciones tan buenas, respecto de los festejos para honrar a los héroes que nos dieron patria. ¡Qué viva la República! ¡Viva la Cuarta Transformación! ¡Viva el presidente! ¡Por un gobierno que en verdad haga más feliz a la gente, que viva el presidente!

El presidente sólo respondió con un “gracias” y declaró terminada la conferencia de prensa, la más corta en lo que lleva gobernando. El joven periodista se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia la entrada del recinto donde se llevó a cabo la conferencia. El anciano fumador lo empezó a seguir. Ya casi llegaba a la puerta del Palacio Federal, cuando el viejo lo abordó.

-Buen discurso -le dijo el anciano al periodista, con un tono sarcástico

-Sólo hice mi trabajo con entrega, con pasión -contestó un poco estremecido el periodista

– ¿No le molestará que le sugiera algo? -habló un poco amenazante el anciano fumador

-No, ¿por qué? -contestó un poco dudoso el periodista

-Porque, porque… -el anciano se puso a pensar-

Le sugiero que modere su discurso- respondió, amenazante el viejo, mientras sacaba un cigarrillo y comenzaba a fumar. La cajetilla era de una marca, cuyo distintivo es un logotipo, rematado con una flecha roja. El joven periodista comenzaba a destilar desconfianza.

– ¿Por qué he de restringir mi trabajo? -preguntó irritado el periodista

-Porque, me parece que ni al presidente, ni a mí, ni al gobierno le conviene ese discurso punzante, desangrante, que incita al odio. Mire como es la política, mida sus declaraciones. No se deje llevar por intereses de sectores que solo quieren dañar el prestigio de este gobierno.

-Pero sí ustedes son los que polarizan y calumnian. ¿Qué no podemos ejercer nuestra libertad de expresión?

-La libertad de expresión no existe- comenzó a responder el viejo fumador- Es un mito en nuestro país-

-Uy sí, como la pobreza -le respondió sarcásticamente el periodista

– Déjeme terminar…Es un mito, porque…en la práctica, nosotros aniquilamos a gente como usted- diciendo el viejo con palabras cada vez más amenazantes al periodista

– ¿Aniquilan ustedes? ¿Ustedes quiénes? ¿Los del gobierno? –

-No, los que somos del gobierno en las sombras. Los que verdaderamente controlamos el país. Los que los dividimos con cada proceso electoral y cada gobierno “oficial”. Los que verdaderamente poseemos todo y disponemos de ello cuando se nos antoja. ¿Cuándo dejará de ser ingenuo y creer en verdad todo lo que le estoy diciendo? –

-Cuando ustedes dejen de controlar, enajenar y esclavizar a cada habitante del país, incluyéndome a mí- contestó algo triste y amargado el joven periodista

-Está pidiendo peras al olmo. Está deseando lo imposible. Cómo diría un sacerdote: “Enmiéndese amigo”, desengáñese de la vida, de los hechos, de las mentiras. Viva una verdadera vida y déjenos los asuntos del país a nosotros- le dijo, de manera propositiva, el anciano fumador

– ¡No! ¡No mientras desangren a la pobre y mísera gente! –

-Entonces usted está perdido- respondió mucho más amenazante el viejo fumador, dando una orden para que escoltaran al periodista unos misteriosos “tipos de negro”, con lo que el periodista comprendió que el anciano es el verdadero jefe de la ayudantía, el ahora “Pequeño Estado Mayor Presidencial”, el jefe de facto a cargo de la seguridad del presidente.

El joven periodista se fijó en su peinado, recordándole al ingeniero al que le hicieron fraude en el 88. No pudo soltar ni una palabra cuando los miembros de la ayudantía se lo llevaron, haciéndolo ingresar por la fuerza a una furgoneta blanca, con el rótulo “Guardia Nacional” en mayúsculas, en los costados.

En la sala de interrogatorios, el joven periodista, despertó. Había sido rociado con gases tranquilizantes mientras se trasladaban a la Base Militar número 1, mítica, por haber sido recluidos ahí, algunos de los estudiantes que habían protestado contra el gobierno, cincuenta años atrás, en el 68.

Ahora él, el primer periodista que en verdad le había contestado sin lambisconería al presidente, se hallaba ahí. Por, por un presidente que había dicho que en campaña no sería un dictador encubierto, pero que, en realidad era eso y más. Qué tenía un adjunto tan frívolo y escalofriante, como los agentes del partido nacionalista, de insignia tricolor, que hicieron esas cosas tan infames. Oh, pobre periodista. ¡Y ahora él iba a sufrir! ¿Qué destino le deparará dentro de esas instalaciones de la base militar, pero en sus búnqueres subterráneos?

Se oían ruidos de animales de la selva, provenientes de unas bocinas, instaladas en lo alto de las esquinas de la habitación. El joven periodista se preguntó, para sus adentros: ¿Dónde estoy? No veía nada, pues tenía los ojos vendados. Estaban atadas sus manos y piernas en una silla.

Otros ruidos que se oyen son los de un lugar cerrado, sin ventanas; ruidos como de objetos que golpean barrotes, como si fuese una cárcel; ruidos de botas pesadas que transitan cada tanto minuto, ¿o segundos?

De repente, el anciano fumador y dos guardaespaldas, con su típica vestimenta de “hombres de negro”, entran. El anciano le dice a uno de los guardaespaldas que le quite la venda de los ojos al periodista. Éste lo hace y cuando el joven periodista por fin puede verlos, habla afanosamente:

– ¿Qué es este lugar? ¿Porqué me han traído aquí?

-No se preocupe, no lo vamos a asesinar, ni a desaparecer. Sólo quiero hablar con usted unos minutos- le dice en tono sereno, casi paternal el viejo fumador.

– ¿Qué es lo que quiere de mí? -pregunta nervioso el periodista

-Que usted y yo conversemos -contesta el anciano fumador sin complejidades, en tanto se abstiene de realizar esa costumbre, en una instalación subterránea, qué, para colmo, no posee aire acondicionado.

El calor es tremendo. El viejo ordena soltar al periodista y sus subordinados cumplen la orden. Luego les pide que esperen afuera.

Cuando el viejo y el periodista quedan solos, el viejo se quita su saco y lo coloca en un perchero de metal que está en una esquina. La sala en donde están da una sensación de parecer una cabina de radio, mezclada con una sala de interrogatorios, cuyo asiento del prisionero se asemeja a una silla eléctrica, que, de hecho, lo es.

-Buenos días. Hoy lo sacaremos de su área de confort. ¿Pensó usted que los asuntos políticos sólo se limitan a elecciones o escándalos? Prepárese para saber “la verdad”- comenzó proponiendo el viejo.

-Hoy le hablaré de este tema, que es tan delicado como tratar a las mujeres excesivamente agresivas- le recalca el viejo al periodista, mientras le da unas palmaditas en la espalda. El periodista se queda observando sorprendido, tal vez del comentario políticamente incorrecto tirando a lo misógino. El viejo lo observa y se le adelanta en la respuesta:

-Disculpe que usted sea tan políticamente correcto y yo su contrario. Me crie en un hogar excesivamente machista… contesta el viejo con seriedad, dejando entrever sutilmente una burla.

-Ya veo… -le responde el periodista, sumamente serio.

El viejo está de pie, rara vez se sienta, pues el estar de pie enfatiza y refuerza su retórica, sin simular ninguna debilidad o flaqueza que el periodista trate de explotar a su favor.

-Primero, ¿por qué el presidente es así? ¿Por qué nos divide, nos considera adversarios? –

-Porque ustedes buscan una verdad. Una verdad qué, según ustedes, permitirá “hacerle un bien al país”. Pero yo sé que no existe.

– ¿Cómo?

-Mire usted. Más de cincuenta años al servicio del régimen me dan la razón. He visto desde las terceras, segundas y primeras líneas que cada presidente no le interesa el país. Lo que le interesa son sus índices de popularidad, que su idea política sea la que domine. No importa la verdad, sino la percepción de una verdad, la que vende el presidente y el partido gobernante, para legitimarse, para servir a los “amos del mundo” y para enajenar a las masas. No hay diferencia…-el viejo da un sorbo a su café-…entre aquellas masas de los años 60 y las actuales. Lo único que las cambia… es su adicción a los nuevos inventos tecnológicos- sentenció el viejo.

-No importa, porque mis compañeros de profesión y yo, trataremos de derribar eso…de erosionarlo. El deber de informar es nuestra prioridad- le dice, algo confuso, el periodista.

– ¿Informar qué? ¿Una verdad? Una verdad que, debería saber usted que es subjetiva, no representa el conjunto completo. Puede creer lo que quiera. Nosotros lo hacemos.

– ¿Nosotros? Dirá “usted” -le reprocha el periodista

-Exacto. Porque ha de saber que comencé mi carrera desde 1958, cuando, al calor de la “guerra fría”, el presidente necesitaba “hombres capaces”, capaces de sustentar el régimen y operar en las sombras…

– ¿Está hablando de espionaje y misiones secretas? -preguntó pasmado el periodista

-Sí, así es. Operaciones secretas, sabotear a nuestros enemigos del bloque del este, ayudar al vecino del norte, etcétera, etcétera… -hace una pausa el viejo, sin duda, para tomar un vaso con agua y sentarse, pues se siente algo cansado-

En 1968, me tocó arrojar las “famosas bengalas”, e iniciar la “operación de limpieza”, de unos jóvenes rijosos, agresivos, que amenazaban los Juegos Olímpicos-

– ¡Esos jóvenes eran inocentes! Eran unos luchadores sociales. ¿Qué tenía de malo que se manifestaran por buscar mayor libertad y justicia? -reclamó el periodista

-Es que esa “libertad” y esa “justicia” son inalcanzables. En nuestro país no existen, ni existirán. No se pueden aplicar- dijo fríamente el viejo

-OK, OK, OK. De acuerdo, ¿pero no cree que ya ha sufrido bastante el pueblo?

-El pueblo, el pueblo, el pueblo… ¡Siempre el pueblo! Aquí no hay tal pueblo, sólo unas migajas de la historia. Gente que nunca será parte de la historia. Sólo que son anónimos. No destacan. Su destino es sufrir. Siempre lo ha hecho, ha soportado y creo que seguirá soportando.

– ¿No cree que sea injusto?

Se hace un silencio de unos cuantos segundos. El viejo fumador se levanta, camina hacia el dispensador de agua y se sirve otro vaso. Se sienta otra vez, en silencio.

-Le vuelvo a preguntar, ¿no cree que sea injusto que sufra la gente?

El viejo, tras una larga pausa, no contesta, como si ocultara algo. En su mente, divaga entre pensamientos que se forman, como su comisión a la “CIA”, a principios de los años 70, su participación en el “halconazo” en 1971; su búsqueda de mayores glorias… para dejar de ser un simple General, un Secretario de Defensa, un solo sexenio y luego el retiro. El periodista, desesperado, interrumpe sus pensamientos:

– ¿Y el país, que?

-Todos tenemos prioridades. El sostener al régimen, es el mío. Puedo decirle que, después de la “guerra sucia”, en el 76, ascendí bastante rápido. Oh, ¡no tiene idea de lo que he visto, de lo que supe, de todos los secretos a los que he tenido acceso!

-Deben ser los secretos más oscuros de los gobiernos anteriores…-contestó algo abatido el periodista.

-Cómo ni idea tiene- asevera el anciano fumador.

– Y, con todo esto, ¿a dónde quiere llegar?

-A donde usted nunca ha llegado. A que tenga el privilegio de que se le abra, por primera vez, el almacén, el arca de los secretos de Estado de nuestro país a un periodista -le dice serio, concentrado en sus palabras, gesticulando un poco con sus manos el viejo.

– ¿Por qué?

-Para que abandone el idealismo, ya que debe saber que nada, ninguna esperanza nos salvará. Que fuera de aquello que llama “ideologías”, “objetividad”, e incluso, “verdad”, no hay nada. Estas son cosas creadas por y para humanos, no para las demás formas de vida, ni para los objetos inertes que nos rodean… -hace una pausa el viejo, mientras se levanta y camina hacia un expendedor de agua, se sirve un vaso y lo bebe lentamente.

– Como le decía, los objetos inertes, como el sol, por ejemplo, no tienen una ideología. Se llama el sol, porque los humanos, nuestros antepasados le llamaron así. Representa algo. Pero por sí mismo, el objeto no tiene una ideología, cuyo cúmulo de distintas corrientes del pensamiento sólo ocupa un minúsculo punto azul pálido en la inmensidad del Universo. -hace otra pausa, vuelve a beber otro trago de agua-  

-Nuestras señales de televisión y las sondas interplanetarias que hemos enviado a los confines más lejanos, son, hasta ahora, nuestros únicos puntos de avanzada con los que hemos de perder el control sobre ellos algún día. Sé de esto, y sé de todas las ideologías con las que cargaban los gobernantes en su fuero interno. -nuevamente, el viejo hace una pausa y se recarga sobre la mesa- He visto esos secretos, he visto la inmensa mediocridad del ser humano en el universo y todavía, ¿se atreve a hablarme de realidad?, ¿de la objetividad’, ¿de la verdad, acaso? Oh, ¡por favor! ¡No piense en eso! Viva su vida, de manera tranquila, sin sobresaltos. A nadie en estos días le importa la verdad, cree en lo que quiera creer, pues todos hacemos eso hoy en día.

-Los secretos que verá no son nada, en comparación con lo que le acabo de decir -terminó de hablar el viejo, un poco exhausto por la extensa conversación.

El periodista, al acabar de escuchar lo anterior, se queda pasmado, no alcanza a articular palabra alguna.

-Levántese y sígame- le dice en voz baja el viejo.

El periodista obedece. Los dos caminan a través de la sala de interrogatorios y salen de ella. Caminan a través de un pasillo con paredes grises, en algunas partes, de concreto; en otras, recubiertas de láminas de metal. En otras, de paneles de absorción del ruido.

Al final del pasillo, luego de haber presionado la palma de su mano contra la placa detectora en el dispositivo de chequeo, el viejo fumador y el joven periodista entraron a la bóveda. Se pararon al avanzar un poco por el pasillo central de la enorme bóveda. El viejo, nuevamente tomó la delantera en la discusión:

– ¿Leyó usted el libro “El decenio extraviado”?

– Sí, y no me gustó -le contesta serio, algo amargado el periodista.

– Bueno, es una excusa para hablar del presidente -dice el viejo

-A mí parecer… Desde mi percepción, me parece que ese tipo de gobierno no es benéfico, aunque ganó la mayor rebanada del pastel, no me parece que el rumbo sea totalmente correcto.

-Y me va a echar en cara las opiniones de esos cobardes columnistas de los periódicos. Si no necesito que me digan lo que tengo que pensar- le dice el viejo fumador, en tono burlón

-Sí, ¿y qué más?

– Usted sabe bien que hay opiniones y “advertencias” extendidas a su partido, en el que han ingresado desertores de otros partidos, con el afán de ganar “un hueso”, para seguir viviendo de él, corrompiendo el movimiento del presidente y ganando gracias al efecto que lleva su nombre, creyendo que al cambiar de “marca” y vivir cobijados bajo su manto, han de purificarse y ser “buenos”.

– Exactamente. Porque he visto como cada día ingresan más oportunistas a ese partido y dañan su imagen, haciendo un montón de tonterías… ¿Por qué el viejo “dinosaurio”, que hace tres décadas era secretario de gobernación y dijo que se “cayó el sistema” es ahora funcionario de la empresa de electricidad nacional? -preguntó dudoso el periodista.

-Eso es muy sencillo. Yo se lo recomendé al presidente, ya que ese viejo “dinosaurio”, como usted lo llama, vino a pedirme un favor, y se lo concedí. No importan sus crímenes. Será un valioso distractor para mis planes. Él era secretario de gobernación en los ochenta. Abandonó el poder después de seis años. Yo, en mi posición, retuve el poder por poco más de treinta años, sin ser el presidente y sin ser como don Porfirio Díaz. Sé de sus virtudes y defectos, sé también de Calles y como se mantuvo por seis años tras bambalinas. Yo tuve más éxito. Ahora, líderes, funcionarios, militantes, socios… de todos los partidos y corrientes, vienen a verme. No saben que trabajo para su enemigo, lo suponen, pero nunca están seguros de ello. Siempre asesoro, así, ellos creen que no tengo el poder, pero se equivocan. No saben que poderes tengo. Aconsejar, proteger, e incluso bloquear el acceso al presidente y bloquearle el acceso cuando considero que no es conveniente…

– ¿Cómo se atreve a hacer eso? ¿Por qué antes no supe que usted era “el poder en la sombra”? ¿Cuánto pudimos haber cambiado y no lo hicimos? -grita furioso, con lágrimas en los ojos, el periodista. Al acabar de decir estas palabras, se tira en el suelo, en posición fetal y comienza a llorar. El viejo fumador, se sienta en el suelo, recargado en uno de los estantes de la bóveda.

Ya tranquilo, el periodista se levanta.

– ¿Qué tan absoluto es el poder del que dispone el presidente? -dice, con voz aún entrecortada y succionando su nariz el periodista.

El viejo, una vez más, no vuelve a contestar. El periodista, al observar sus gestos al estar silencioso el viejo, entiende la situación.

-Pero, yo creía que usted estaba con ellos. ¿Por qué dice esto?

-Porque siento que es hora de ser verdaderamente honesto con usted. En todo lo que he visto, sé que la verdadera tragedia es que los partidos y los presidentes nunca han estado a la altura de las circunstancias. Se regodean en su mediocridad, conformismo e inercia. No deciden, rara vez actúan. Él -refiriéndose al presidente- será recordado por lo que pudo hacer y no hizo. Por todo lo viejo del régimen que sigue vivo entre nosotros. Él había denunciado a aquellos políticos mediocres, para luego tomarse la foto junto a algunos de ellos, incluyéndome.

-Es lo que he dicho, en prácticamente…toda mi carrera- le dijo el periodista.

-La gente es muy tonta, sigue creyendo que el país va a cambiar. El presidente no lo escuchará. Renuncie a esa idea. Deje de buscar y ver que pasa con él…

-Ver qué. Que el país se siga desmoronando. Yo no lo creo. ¿Qué pasa con este gobierno?

-Se le dijo adiós, adiós al chairismo. Los más radicales fueron marginados. Lo cual no diferencia tanto a él de los demás gobernantes. El pragmatismo sustituye a la lucha ideológica.

– ¿Por qué él habría de asumir una posición distinta a la del pasado?

-Porque va evolucionando a político gobernante, dejando atrás las campañas y la lucha opositora. Su pasado ya no existe, paradójicamente, se convierte en lo que detesta.

– ¿Cómo cree que será recordado? -preguntó seriamente y manifestando a su vez, una creciente curiosidad el periodista.

-Como los expresidentes… -responde el viejo, en un tono muy serio.

-No sé que decir- contestó anonado el periodista.

-No diga nada- soltó amenazante el anciano fumador. -Otra cosa, ponga atención, esto es importante.

El periodista se levanta de donde estaba sentado, cuando estaba casi llorando unos instantes antes. El viejo, al verlo levantarse, también lo hace.

-Lo que le voy a decir es lo siguiente: Todos estaremos a prueba, no confíe en nadie. No sabemos completamente qué es lo que sucederá. Usted saldrá de este lugar, donde tuvimos esta conversación, que oficialmente, nunca existió. Pero debe saber que ni la política, ni las ideologías deben importar. Se lo recalco una vez más, porque todo eso en lo que usted cree, es solo una construcción humana. Fuera de toda la humanidad y de la Tierra, no existe. Ahora, puede irse.

Los dos salen de la bóveda y caminan de regreso, a través de los laberínticos pasillos de las instalaciones donde se hallaba encerrado el periodista, que fue escoltado a la salida por el viejo fumador. Al salir, el periodista ve que se ha nublado un poco el cielo. Éste camina por los jardines de la base militar. Un guardia le pregunta, en la entrada, quién es y qué hace allí; pero una llamada de radio, de parte del viejo, aclara todo. El guardia le dice al periodista que puede salir.

Más tarde, cuando una discusión en un café, entre el periodista y algunos de sus colegas, junto a otras personas con opiniones dispares, llega al extremo de la confrontación maniqueísta acerca de las posturas políticas, uno le pregunta:

– ¿Eres chairo, o fifí?

El periodista, algo anonado por su experiencia con el anciano fumador, contesta:

-Ninguno de los dos. Eso no importa. Todas las ideologías son construcciones humanas, incluidas las ideologías políticas. Fuera de nuestra especie, no importan, porque no existen. He perdido totalmente la fe en el gobierno, sean del partido que sean, de los colores que tengan… ¡No me importa! Sólo son un mal necesario… -dijo con total desdén.

Todos quedaron sorprendidos por la respuesta. Durante el resto de la plática, ya nadie le alzó la voz al periodista acerca de posturas ideológicas, bandos, opiniones, maniqueísmos, porque en realidad no importan. El periodista, por fin, comprendió que la verdad es imposible alcanzar, ya que nunca se podrá ser lo suficientemente objetivo, honesto, neutral y un montón más de conceptos que quién sabe porque se inventaron. No le importa. Por primera vez, al periodista, en toda su carrera, no le importa la verdad, porque no existe. Es una construcción humana. Alzó la mirada al cielo, luego la volvió a bajar al suelo, vio que se acercaba un taxi, lo tomó y siguió su vida con rumbo desconocido.

FIN

NOTA: Nuevamente recalco que este cuento corto estaba planeado para publicarse originalmente en 2019 o en 2020. Como tal, la pandemia del COVID-19 aún no hacía su aparición, por lo que su presencia fue omitida de este relato por decisión de mi colega. A pesar de ello, me comenta que este relato enfatiza que el actual gobierno ha quedado muy por debajo de sus expectativas y que, como ciudadanos no solo hay que tener fe al gobierno, sino realizar nuestras aportaciones, sobre todo, en momentos de adversidad. Aquí se evalúa que ningún partido político será totalmente confiable y que, en ocasiones, el gobierno es un mal necesario. Esperamos que se suscite a una reflexión sobre lo que hacemos y a donde vamos. Gracias por su atención.

LOS DORMIDOS DE LERDO NO SE DURMIERON

Los lerdenses no se oponían al paso del tren, sino que fue consecuencia de varias acciones, entre decisiones de ingenieros y gobernantes, pugnas políticas, impuestos altos y desbandadas de comerciantes.

Panorámica de Ciudad Lerdo, en ese entonces, Villa Lerdo de Tejada. Año 1865.
Cortesía: Apuntes Históricos de Ciudad Lerdo, Durango; Jaime Soto Castro

Por: José Ramón Vázquez Uribe

04 de diciembre de 2019

Los “Dormidos” de Lerdo, es una frase que se mantiene en la cultura popular de la región Lagunera. Desde finales del Porfiriato no se explica tan fácilmente porque una comunidad progresista, como Lerdo, que anteriormente era una villa, luego ciudad, detuvo ese avance, cuando el ferrocarril empezó a asomarse en la región lagunera.

Los lerdenses no son dormidos, fueron varios hechos, acciones y decisiones tomadas por los gobernantes, comerciantes y empresarios de entonces, lo que desemboca en el origen de la frase. Primero, hay que descartar que esa frase surge de la leyenda popular, acerca de que los habitantes de la entonces Villa Lerdo de Tejada no aceptaron la llegada de las vías del tren por evitar que el ruido de la locomotora los despierte, ya que el “oasis lagunero” no debía ser perturbado en lo más mínimo.

El primero que se opuso a tal origen fue el profesor Amado Illarramendi Fierro, quien cuenta, en una crónica publicada en el diario La Época, el 6 de junio de 1956, que, en 1892, cuando Juan Manuel Flores era el gobernador del Estado de Durango, quien estaba de visita en Lerdo, acompañado por personas foráneas «acarreadas», que lo recibieron al bajar del tranvía, en ese entonces arrastrado por mulas. Un cambio de último momento hace que el señor gobernador sea recibido en casa de Don Vicente Carreón, jefe de la policía, para serle ofrecido un banquete de bienvenida. Uno de los invitados fue el doctor Agustín Vergara, descrito por el profesor Illarramendi, como un hombre culto, de basta inteligencia y de fácil palabra para expresar sus ideas.

En dicho banquete, el doctor Vergara desistió de dar un discurso adulatorio al gobernador y, en cambio, decidió increparlo con la verdad, de que sus acciones causaban daño al desarrollo de Lerdo, al desviar la ruta del ferrocarril Central Mexicano, porque se perjudicarían sus rutas de comercio basadas en 200 carretas arrastradas por bueyes. El cronista Illarramendi declara, que, si se hubiera permitido pasar la vía férrea por Lerdo, Torreón y Gómez no existirían, y de ahí, el origen de la frase, mote o apodo de «Los Dormidos de Lerdo».

En la visión del profesor Illarramendi se muestra una visión revanchista, en la que él nos cuenta que los habitantes de Lerdo y la familia Nepomuceno Flores, desde la fundación de la villa, estaban en pugna, ya que existía un “pecado original”, tener por origen, tierras de un conservador y fundarse por medio de un decreto de un ilustre liberal, el señor presidente don Benito Juárez, en ese entonces, de paso por La Laguna, quien pernoctó, según registran el profesor Illarramendi y otros cronistas, entre los días 27 al 29 de agosto de 1864.

Sin embargo, el actual cronista de Lerdo, don José Jesús Vargas Garza, autor, además, del libro “El Primer Pueblo que Conquistó el Desierto”, ofrece otra versión, mucho más compleja.

Profesor Amado Illarramendi Fierro, uno de los primeros historiadores en indagar en los sucesos en torno al mote de «Los Dormidos de Lerdo».
Primer Cronista no oficial de Ciudad Lerdo
Cortesía: Apuntes Históricos de Ciudad Lerdo, Durango; Jaime Soto Castro

NO FUE EL SEÑOR GOBERNADOR, FUERON LOS INGENIEROS

Durante el Porfiriato, comenzaron las grandes obras públicas destinadas a conectar las poblaciones importantes de México con los puertos marítimos y con la frontera con Estados Unidos. Es en 1883, cuando los ingenieros que trabajaban en el trazado y tendido de las vías, encabezados por D. B. Robinson, superintendente de la línea en cuestión, basado en las notas de su antecesor, el ingeniero Morley, recién fallecido, decide que las vías sean colocadas en la región lagunera, no en una ruta cercana a Durango capital, como pretendía el gobernador del Estado de Durango en esa época, Francisco Gómez Palacio. Todo esto, basado en las entrevistas realizadas al señor cronista Vargas Garza y en su libro “El Primer Pueblo que Conquistó el Desierto”.

En ambas fuentes, el señor cronista consigna que existían dos opciones de trazado de las vías, una de ellas que pasaría por la parte de La Zarca, llegando al poblado de San Pedro del Gallo, pasando por San Luis del Cordero, Nazas, brincando el río, llegando a Cuencamé. La otra ruta se iba a tirar pasando por lo que hoy se conoce como Cevallos, trayendo la vía hasta la Villa Lerdo de Tejada. Ambas opciones de ruta provenían desde Huajuquilla, Chihuahua.

Sin embargo, el gobernador Gómez Palacio se opuso, utilizando todos los medios a su alcance para persuadir al entonces presidente de la República, Manuel González, que además era compadre de Porfirio Díaz, para que las vías del tren pasaran por la ciudad de Durango y no por la región Lagunera. “Al serle negada la petición, de que pasara por la ciudad de Durango, se enoja y renuncia a la jefatura del gobierno del Estado y se apaga su carrera política”, declara el señor cronista Vargas Garza.

Otro punto es que el ferrocarril no pasó por Ciudad Lerdo, porque, según el señor cronista Vargas Garza, “tenían problemas los ingenieros para hacer el puente sobre el río. Al pasar por la ciudad, en la parte que le correspondía a Lerdo, el río Nazas tenía cuatro o cinco cauces cuando venían las grandes avenidas, se hacían cinco arroyos. Entonces ahí había problemas para hacer el puente, porque tenían que ser cinco puentes. Entonces el ingeniero tuvo que buscar la parte más angosta del río, donde actualmente están las vías del ferrocarril y donde está el puente negro, que fue el que pasó con rumbo a la hacienda del Torreón”.

Eso explica porque el ferrocarril no pasó por la Villa de Lerdo. Sin embargo, el cronista también nos dice que a Lerdo no le afectaba en lo económico, ya que la estación del ferrocarril, conocida como “Estación Lerdo”, pertenecía a su territorio municipal, era parte de Lerdo.

LOS LERDENSES PAGABAN DEMASIADOS IMPUESTOS

Durante mucho tiempo persistieron las versiones mitificada y revanchista acerca del origen del mote o apodo de “Los Dormidos”, sin realmente ahondar a fondo donde comenzaba esa frase y cuál es su relación con que Lerdo no progresó al mismo ritmo que Gómez Palacio o Torreón. El cronista Vargas Garza descarta que haya sido Juan Manuel Flores el causante del desvío de la ruta del tren o influir para el favorecimiento de sus carretas tiradas por bueyes, pero no descarta que haya sido el artífice de la desbandada de empresarios y comerciantes a la naciente Villa del Torreón, ya que mientras el Gobierno de Coahuila otorgaba facilidades de pago y beneficios fiscales en su territorio, el gobernador Flores mantenía los impuestos altos, declarando que “Todo aquel que se vaya para Torreón, será un traidor a Durango. Ustedes quédense ahí, porque Lerdo es un lugar donde tiene grandes y bellas construcciones, tiene agua y buen clima”. Los impuestos condenaron a Lerdo, según piensa don José Jesús Vargas.

ENTRE IMPUESTOS, ACOSOS TERRITORIALES Y DIVISIÓN DE MUNICIPIOS, LERDO AGONIZABA

El profesor Amado Illarramendi Fierro llegó a declarar, que, si las vías férreas hubiesen pasado por Lerdo, Torreón y Gómez Palacio no existirían. El señor José Jesús Vargas declara que, “si Lerdo no hubiera existido, Gómez Palacio y Torreón, de ninguna manera habrían existido. Qué pasa cuando a Lerdo ya no puede ser conseguir polo de desarrollo económico y ferroviario, pues, con esa situación, cuando Torreón empieza a hacer los adelantos que la llevaron a ser una ciudad de las más importantes de la Comarca, definitivamente, fue un costo para Lerdo, porque su capital económico, social y político empezó a declinar por las fugas de empresarios a Gómez Palacio y Torreón”.

Respecto a las invasiones territoriales, el cronista declara que, “en 1881, Lerdo se vio amenazado por agricultores y personas provenientes de Coahuila, vinieron en contra del terrateniente Santiago Lavín, se quejaban de que iba a ensanchar un canal, dejándolos sin agua. Hubo inconformidad por parte de los coahuilenses”.

Para 1905, a Ciudad Lerdo, le fue escindida una parte de su territorio municipal, donde estaba la estación, para crear el municipio de Gómez Palacio. “No fue rancho, villa, pero sí, en 1905, la ascienden a ciudad. Este aspecto a Lerdo le perjudicó, dejando solamente las haciendas, sin funcionamiento de los principales comerciantes, que se fueron a Torreón, además de habitantes que se fueron a poblar esa ciudad”.  Para don José Jesús Vargas, “la Revolución Mexicana le da la “puñalada” final a ciudad Lerdo, pues quedó desierta de población, debido a la violencia. Las casas se quedaban solas, con un velador que cuidaba las propiedades”.

Y ahí está el origen de “Los Dormidos de Lerdo”, según el cronista Vargas Garza, entre decisiones de ingenieros, pleitos políticos, subidas de impuestos y desbandadas de empresarios a otros lugares con facilidades fiscales. Respecto a la frase, don José Jesús Vargas piensa que el mote de “Los Dormidos de Lerdo” no se justifica“porque los habitantes de Lerdo no habrían llegado a formar un pueblo en medio del desierto, defendiéndose de nativos y forajidos. Torreón le quita el polo de desarrollo, la desincorporación de Gómez, la revolución y los impuestos le perjudicaron por casi ochenta años, no por los lerdenses, sino por los gobernantes. Fue un mote discriminatorio, odio a su gente, una burla”.

LERDO, TIERRA DE DESCANSO

Otro punto de vista acerca de la historia que rodea a la frase “Los Dormidos de Lerdo” lo proporciona el señor Héctor del Bosque, miembro de la asociación Empresarios Lerdenses, A. C. (ELAC), quien nos dice que Lerdo, por ser el “oasis lagunero”, desde un principio estaba destinado a ser una tierra de descanso.

Don Héctor dice que las fábricas se colocaron en su mayoría en los alrededores de la estación, (actualmente, Gómez Palacio) y en lo que hoy es Torreón porque las familias adineradas preferían mantener sus fincas de descanso en Lerdo, para trasladarse a las fábricas que supervisaban en Gómez o Torreón, pero manteniendo a Lerdo como lugar de descanso, de “buena vida”; o como dijo él, “para vivir en Lerdo, para comprar en Gómez, para pasear en Torreón”.  Desde esos tiempos, la gente entendía que Lerdo era eso, que su característica es turística o descanso, más que cualquier otra actividad económica”.

Respecto a la frase de “Los Dormidos”, don Héctor declara que “al ser una tierra de descanso, pues conllevaba eso, que se durmieran temprano las familias. Ya lo comentaba con Jorge Vargas, la palabra Lerdo, lo que significa: “lento”, “torpe”, el que alguna manera haya sido un oasis para que fuera un área de descanso, más que un área para producir, el que hayamos tenido el privilegio de tener esas formas de ir a casa temprano, sin tanto desmadre”.

Para don Héctor, “los lerdenses prefieren una vida más calmada, sin tanto bullicio”. Pero tampoco niega que los lerdenses también quieren que se les apoye con la generación de fuentes de empleo cercanas, con un transporte público moderno y eficaz, carreteras y rutas que puedan trasladarlos a esas fuentes y regresar. Además de que se les apoye con el emprendimiento de pequeños negocios para ayudar a sus familias.

Para don Héctor, lo decisivo en cuanto al letargo de Ciudad Lerdo no fue un gobernador que buscaba favorecer a sus carretas tiradas por bueyes, un gobernador “encaprichado” con hacer pasar el tren por la capital, dificultades técnicas o los impuestos, “fue la opinión de los líderes sociales de aquella época que decidieron haber dejado a Lerdo como un área para vivir y no para producir. A Torreón si le dieron otra visión, más productiva, más de traer fábricas. En ese entonces, las personas que decidían tenían sus fincas de descanso en Lerdo. Ellos no iban a querer una fábrica humeante, con bullicio de trabajo en Lerdo. La preferían en Torreón, aunque vivieran en Torreón, pero su tiempo de descanso era en Lerdo”.

“Las personas de influencia y poder en ese entonces no querían echar a perder su oasis de descanso. Los visionarios se fueron a donde los terrenos estaban a menor precio.” – Héctor del Bosque, miembro de Empresarios Lerdenses, A. C. (ELAC)

EL RENACER DE LERDO

De acuerdo con el señor Héctor del Bosque, el renacer de Lerdo se promueve buscando “una industria, pero una moderada, tampoco no queremos un Monterrey, aquí que sea tanta industria, sino que, si tenemos una industria, que sea pequeña, que sea moderada”. El objetivo, según don Héctor, es evitar dañar el ecosistema, por lo que se busca moderar y regular las actividades económicas, como el área agroindustrial, la crianza de vacas lecheras y las nuevas industrias. “Moderando todo eso, Lerdo se va a mantener en buen ranking para vivir, para que las familias crezcan aquí”, nos dice don Héctor.

Para don Héctor, aún existe la posibilidad de sacar a Ciudad Lerdo de su letargo para repotenciarla y convertirla nuevamente en un polo de desarrollo. “Las condiciones están, pero en el ámbito de hospedaje, turismo y recreación, son los tres ejes que van a regirnos aquí en el municipio. Obviamente deben llevar una buena coordinación, planeación y difusión”. Con esos puntos clave, Lerdo puede resurgir.

DECISIONES TÉCNICAS Y AUMENTO DE IMPUESTOS: CONFIRMADOS

Un punto de vista más, el del Licenciado Jorge Vargas Fausto, Coordinador de la Biblioteca José Santos Valdés, de la Casa de la Cultura de Gómez Palacio, e hijo del cronista José Jesús Vargas Garza, confirma punto por punto la versión de la historia que rodea a la frase de “Los Dormidos de Lerdo”, registrada por el cronista en su obra “El Primer Pueblo que Conquistó el Desierto”.

En cuanto a lo sucedido en relación con el trazo de las vías, el Licenciado Vargas confirma la historia, que el trazo, originalmente planeado para que las vías del ferrocarril pasaran por las capitales de los estados, con subvenciones de los gobiernos estatal y federal. Los estudios realizados por los ingenieros descartan que el paso del tren por la capital sea un buen negocio.

“Al ingeniero Morley, se le pide definir las rutas, resultando dos opciones: entre Huajuquilla, Jiménez, en el Estado de Chihuahua, hasta Zacatecas; la ruta occidental y la oriental, esta última, en las cercanías de la Villa Lerdo de Tejada, reconocida como punto estratégico para la colocación de las vías, en lugar de Durango capital, ya que las subidas por las montañas conllevaban dificultades técnicas y económicas, mientras que La Laguna ofrecía facilidades geográficas y económicas para el paso del tren”.

También el Licenciado Vargas confirma la importancia económica del ferrocarril, el potencial de desarrollo, alentado, además, por la actividad agrícola, ganadero, minero, para ayudar a su crecimiento industrial, y el establecimiento de agroindustrias, que atraen a personas de otras regiones que establecen sus viviendas en la Villa de Lerdo.

El ferrocarril, que por cuestiones técnicas pasa a 5 kilómetros de la villa, donde se instala la estación, cercana a la Hacienda de Santa Rosa, propiedad de Santiago Lavín Cuadra, que vendió los terrenos para tener el derecho de vía del ferrocarril. Para trasladarse de la Villa de Lerdo a la Estación fue necesario el instalar un tranvía de mulitas, como un primer sistema de transporte público.

Para el licenciado Vargas, la frase de “Los Dormidos” fue para denigrar el poco desarrollo de la ciudad a principios del siglo XX, hasta la fecha. “No fue por no querer pasar el tren, sino porque, en 1892, el Congreso del Estado de Durango, a través de la iniciativa presentada por el gobernador Juan Manuel Flores, en una reforma a la Ley Hacendaria del Estado, en donde decía que iba aumentar los impuestos a todas las industrias, negocios y servicios en todo el Estado, afectando a la industria regional de Lerdo y Mapimí, aplicando y afectando a los empresarios de la época, algunos protestan en contra de la iniciativa, ya que afectaba sus intereses.

Ese es el punto importante, ya que, en Torreón, se eximieron los impuestos por plazos de 10, 20, 30 años, con lo que muchas empresas y comercios se trasladaron allá, como, por ejemplo, Peñoles, que originalmente estaba en Mapimí, se cambia a Torreón. El distrito minero de Mapimí se cambia a Torreón.

El dicho o mote nace con una referencia del profesor Illarramendi, cronista no oficial, que publica en la revista Época, con hechos inéditos, como que se cayeron las campanas de la iglesia a la llegada del gobernador Juan Manuel Flores. En una fiesta, estaba el Doctor Vergara, del que se esperaba un discurso alabador al Gobernador, pero lo increpa, tal vez después de haber leído los periódicos de la época, donde había declaraciones de molestia por los impuestos y la desventaja económica en comparación a Torreón, dando un discurso fuerte, donde de manera concreta le dice “el día de mañana, por tu culpa, nos van a decir, los dormidos de Lerdo”. Pero el tren ya estaba establecido, el doctor Vergara no se refería a ese tema, la frase o mote no era de manera despectiva, sino que era un reclamo al gobernador, porque “nos quedamos dormidos”, ya que los impuestos estancaron automáticamente a Lerdo”, declara el licenciado Vargas.

Para el licenciado, “si el tren hubiera pasado por Durango, Torreón y Gómez no existirían, Durango sería una de las capitales más importantes del norte del país. La iniciativa de la ley hacendaria fue como un “encantamiento para dormir a Lerdo”. A pesar del aumento de los impuestos, Lerdo todavía mantenía un dinamismo económico, que duró hasta 1905”.

DE VILLA A CIUDAD, PERO CON EL NOMBRE INCOMPLETO

La Villa de Lerdo fue elevada a Ciudad, por el gobernador Juan Manuel Flores, en medio de un aura de leyenda y romanticismo, que tanto el cronista José Jesús Vargas, como el Licenciado Jorge Vargas, desarrollan de la siguiente manera:

“Para compensar su perjuicio, por el asunto de los impuestos, el Gobernador le otorga la categoría de Ciudad, pero no por su propia voluntad, sino que dice la leyenda, que una señorita, llamada Carmen Carreón, el día de su cumpleaños, invita al jefe político, coronel Ramón Castro, quien le pregunta que le gustaría de regalo, recibiendo como respuesta que gestione que la Villa de Lerdo de Tejada se eleve a categoría de Ciudad. Fue como el coronel entendió la razón de lo que le estaba diciendo la señorita Carreón y el sentir de los ciudadanos de Lerdo, reuniendo al síndico, regidores y funcionarios para pedir la solicitud al gobierno de Juan Manuel Flores para que elevara a Lerdo, por medio de un decreto a Ciudad, la cual fue negociada, firmada y decretada, el 16 de noviembre de 1894, en el decreto número 13 que dice, en su único artículo: “Se decreta como Ciudad Lerdo”.

Para el Licenciado Vargas, fue una manera de decir que “ni la burla perdona”, que la leyenda anteriormente mencionada, posiblemente si fue cierta, porque sí existieron los personajes. “Elévanos a ciudad, si ya nos estas fregando con los impuestos, danos el derecho meritorio que nuestra Villa se eleve a Ciudad, fue una solicitud que le hizo el Jefe político al señor Gobernador”, nos dice el Lic. Vargas.

El gobernador acepta inmediatamente, pero con una condición: eliminar el apellido completo, quitando la palabra “de Tejada”, dejando el nombre como “Ciudad Lerdo”, con el objetivo posible de olvidar el origen del nombre, como homenaje al ilustre liberal Miguel Lerdo de Tejada. Dejando solamente Lerdo”, y recurriendo al diccionario de la RAE, que significa, “lento” “tardo de aprender”, como una burla, declara al respecto el Lic. Vargas.

CIUDAD LERDO, POSIBLEMENTE OTRO TORREÓN, PERO MÁS FUERTE

“Pienso que Gómez Palacio no hubiera sido ciudad, solamente se reconocería a la Hacienda de Santa Rosa como sitito histórico donde tuvieron hechos importantes en relación con la invasión de los franceses, llegó Benito Juárez, hubo reuniones importantes, donde decidió ir a Paso del Norte (actualmente, Ciudad Juárez). Gómez Palacio no hubiera existido, pero creo que Torreón, si. Era parte de otro estado, dependía de Matamoros, era de su municipalidad la hacienda de Torreón.

En pocas palabras, Lerdo seria como Torreón ahora y Torreón como Lerdo ahora. Posiblemente Lerdo sería más fuerte, con un dinamismo económico más importante que el que tienen Torreón y Gómez juntos. Si Lerdo tenía la zona industrial en el siglo XIX y si no nos hubieran dividido el municipio, posiblemente Lerdo sería más importante que Lerdo y Gómez juntos”, declara el licenciado Vargas al respecto.

LERDO DEBE RENACER, COMENZANDO POR EL NOMBRE

El Licenciado Vargas piensa que para que Lerdo renazca, “debe haber un cambio de paradigma, comenzando por dar a conocer la importancia histórica que tuvo Miguel Lerdo de Tejada, recuperando el nombre completo de Ciudad Lerdo que tenía originalmente. En 1905, es escindido parte del municipio de Lerdo, para crear el municipio de Gómez Palacio, que fue automáticamente ascendida a ciudad. Desde ese momento Lerdo se queda atrás, es la sentencia final para mantenerlo dormido, como un lugar de no progreso.

En eso me da a mí una razón, de que el Gobierno del Estado, la clase política, las familias de alto abolengo de la época tratan de detener de cualquier manera el desarrollo de un pueblo que les quito el derecho y el mérito de que pasara el ferrocarril por Durango. Y esas clases políticas, todavía, en pleno siglo XXI, viven, consanguíneamente les están pasando por generaciones la consigna de evitar que Lerdo y Gómez crezcan, para que Durango crezca en detrimento del crecimiento de estas ciudades.  

No estamos en contra de que nos devuelvan lo nuestro, sino que nos den lo que corresponde, en planeación, en desarrollo urbano, económico, social, se aprovechen los grandes potenciales que tiene la ciudad.

Que Lerdo inicie un progreso bien planteado, bien desarrollado y que aproveche el potencial que es el agua. Hemos insistido al actual ayuntamiento, para actualizar el programa de ordenamiento ecológico y territorial del municipio, afianzar algunas unidades de gestión ambiental para el uso del suelo, clasificar por áreas industriales, en donde si y en donde no, establecer unidades residenciales, de comerciales y servicios, realizar una planeación de desarrollo 2040”.

“Si topamos con el nombre, si conlleva el costo político de la administración, en cuanto a las credenciales, el Seguro Social, todo lo que lleva el cambio de nombre de Lerdo a Lerdo de Tejada”. – Lic. Jorge Vargas Fausto, coordinador de la Biblioteca José Santos Valdés
Fotografía, cortesía de Noticias del Sol de La Laguna

EL MIEDO A LERDO COMO CAPITAL DEL ESTADO DE DURANGO

Por último, el Licenciado Jorge Vargas, también declaró que otra posible causa del aletargamiento de Lerdo es el miedo, de parte de la clase política duranguense de la época, de que Lerdo avanzara tanto en su desarrollo económico, que incluso pudiera desplazar a la ciudad de Durango y que esta perdiera su estatus de capital del Estado en favor de Lerdo.

Sean las posibles causas las anteriores, lo que es importante es analizar los procesos coyunturales que definen el futuro de las sociedades y sus centros de población para entender la historia como algo más complejo que un desfile de personajes históricos y sucesos, y saber cómo estos definieron nuestro presente y cómo podemos aprender de ellos para definir nuestro futuro.

FUENTES

Barrientos Torres, Cristal; «Lerdo, municipio ‘Dormido’, El Siglo de Torreón, 14 de Febrero de 2005 https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/133909.lerdo-municipio-dormido.html

Cerra Chavarría, María Teresa; «Y Lerdo se queda atrás…», El Siglo de Torreón, 16 de Noviembre de 2002 https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/9516.y-lerdo-se-queda-atras.html

Illarramendi Fierro, Amado; «Los Dormidos de Lerdo», en Apuntes Históricos de Ciudad Lerdo Durango 1594-1910, Jaime Soto Castro, 1994, Herfa Impresores, Gómez Palacio, pp. 105-107

«Lerdo, Ciudad de Historia», El Siglo de Durango, 16 de Noviembre de 2015 https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/626981.lerdo-ciudad-de-historia.html

«Lerdo, ciudad con mucha historia», El Siglo de Torreón, 13 de Marzo de 2007 https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/17568.lerdo-ciudad-con-mucha-historia.html

«Los Dormidos de Lerdo», revista Soy Laguna, Noviembre de 2017, página 12

Ruelas, Abner; «El día que se les durmió a los de Lerdo», Milenio.com, 19 de Julio de 2019 https://www.milenio.com/politica/comunidad/por-que-y-cuando-se-les-durmio-en-lerdo

Soto Castro, Jaime; «Apuntes históricos de Ciudad Lerdo Durango 1594-1910», 1994, Gómez Palacio, Durango, Herfa Impresores, S.A. de C.V.

Vargas Garza, José Jesús; «El Primer Pueblo que Conquistó el Desierto», 2001, Torreón, Coahuila, Impresora Dorado

Villa Guerrero, Guadalupe; Durán, Francisco (coordinadores); al., et.; «Durango Tierra de retos Tomo III Ciudad Lerdo/Gómez Palacio», 2009, Torreón, Coahuila, Agencia Promotora de Publicaciones, S.A. de C.V.

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